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El
arte de Pérez Celis es maduro, profundamente humanista,
vigente con las corrientes artísticas y políticas
de nuestro tiempo y verdaderamente internacional, no solamente
porque el artista vivió en muchos países y los
comprendió profundamente. Su lenguaje artístico
lleva consigo las estructuras visuales e intelectuales, los
significados culturales, las pasiones y los ritmos internos
de un mundo que abarca desde su Argentina natal hasta Bolivia,
Perú y otras naciones de América del Sur y América
Central, así como París, la capital artística
de Europa, y los centros vitales de Norteamérica: Nueva
York y Miami.
| Verlo
trabajar a Celis es comprender, casi por primera vez,
qué poco generosa y vacilante es gran parte de
la pintura contemporánea que se admira hoy en día.
El arte de Celis afirma, abraza, grita y se ríe
mientras rompe el tradicional y cortés silencio
del museo y la galería de arte. La vida no es pálida,
indecisa y estática. El arte de Celis es fiel a
la fluidez y al fuego de la experiencia humana, especialmente
la suya. |
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