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El pasisaje criollo. Las artes populares

La exposición en la Galería Vignes marcó un punto culminante en la furia expresionista de los signos densos connotando lo mítico en su sentido de oscuro e indescifrable para el hombre actual. "Nostálgicos pero sensitivos, sus óleos participan del drama del Hombre-Tierra americano (...). Sus Devenires y Submundos de empastes generosos y colores vibrantes, está ocultando un subyacente instinto thanático de destrucción y muerte, coincidente con las fantasías sádicas y de muerte del hombre primitivo". Así lo describió Jorge Glusberg, el crítico de la revista Análisis. (6)

El crítico de La Nación señaló como Pérez Celis "reniega del buen gusto en cuanto este significa una atadura para la libertad del creador". No obstante, las "estridencias" e "indefiniciones que interrumpen la armonía" tienen su sintonía en la cita de estilos que el artista pone en acto al utilizar mecanismos estéticos de las culturas populares en las que se inspira. Una "imagen en vital mutación", como el cruce de culturas a las que alude. (7)

En 1967 el artista expone en Rubbers una serie de obras cuyo tema central es la cruz. Esta presencia del símbolo religioso genera la colaboración con Ariel Ramírez cuya Misa Criolla sonoriza la exposición. El sincretismo de la religiosidad criolla es el tema. Esa particular visión de la fe en la que se entrecruzan Escrituras y vivencias mágicas, optimismo y lamento de raíz hispánica y autóctona. Era "lo auténtico real-maravilloso que muchos buscamos", señaló la revista Gente, aludiendo al concepto de Alejo Carpentier que definiría la pervivencia espacio-temporal de prácticas y tradiciones diversas en el continente americano.

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