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La
provocación: la muerte de la pintura
"Y
volvió a su lenguaje habitual, a su puesto de francotirador
de una forma que la mayoría de sus compañeros
de generación se empeñaban en considerar obsoleta",
señaló la revista Confirmado en 1968. (15) Se
refiere a que Pérez Celis vuelve a las dos dimensiones
de la tela dando por terminada la serie de obras-caja que
había trabajado los años anteriores. Retornaba
a la pintura de caballete.
La
escena es año 1969: Pérez Celis, de frente,
con el torso desnudo asoma por detrás de un caballete
donde sólo se ve el reverso de la tela. De fondo, el
taller: el artista está pintando. Un texto se superpone
a la imagen. Armado como una pirámide descentrada,
desciende aumentando el tamaño de la tipografía
hasta convertirse en un grito: "Quienes necesitan matar
algo para poder subsistir se desarrollan como criminales.
Hasta ahora habían importado tendencias, cuando éstas
se acabaron importaron la muerte continuando con la misma
actitud de los plagiadores que los antecedieron. Es como decir
que Beethoven, Van Gogh, San Martín han muerto. La
pintura no ha muerto. ¡Yo estoy vivo!", Pérez
Celis.
(...)
En realidad, pienso que esta actitud mía respondió
muy claramente a la época, a esas actitudes exteriorizadas
de entonces como las performances o los happenings. Si bien
yo estaba en ese momento respondiendo concretamente a un dicho
de Romero Brest, también continuaba con la actitud
de provocación de la época. Esto se manifestaba
de distintas maneras. El hecho de que con recursos económicos
mínimos mandara a imprimir un póster, buscase
la tipografía, escribiera el texto, y después
lo distribuyera -muchos en la puerta del Di Tella- era un
esfuerzo más allá de la defensa de mi oficio...
era también un gesto artístico. Después,
hubo una contestación de Raúl Soldi, que interpretaba
los hechos como la fábula de la zorra y las uvas: Romero
Brest negaba la pintura porque a él ya no le era posible
mostrarla. Fue ésta una contestación mucho más
sutil, pero también más dolorosa.
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